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martes, 22 de marzo de 2022

TRILOGÍA DE LO MACABRO (PARTE I).

SUÉÑAME:

La niña sin cabeza ha vuelto a aparecer en mis sueños.
Busco un significado ante la insistencia.

La niña sin cabeza ahora grita: ¡Mamá! en el siguiente sueño.
No deja descansar mi mente buscando un significado.

La niña sin cabeza me ha pedido ayuda en otro sueño y realmente me he acojonado.

La niña sin cabeza ahora está sentada en una bicicleta, no me deja dormir la intriga, esto parece un serial.

La niña sin cabeza insiste en presentarme a su hermano.
No puedo más y acabo de pedir cita con un psicólogo.

La niña sin cabeza ha escrito en una pizarra: MALO.
Si se refiere a mi ya si que me he perdido. Mi psicólogo cree que tengo un trauma.

La niña sin cabeza aparece con la cabeza en su sitio y me mira fijamente señalándome.
Esto es de locos. No quiero dormir.

Llevo dos días sin dormir pero no sé cuánto aguantaré.

La niña sin cabeza se ha metido en mi mente y puedo oírla en mis pensamientos
Necesito ayuda profesional urgentemente.

La niña sin cabeza domina mi parte más oscura del cerebro. Me guía hasta una estación de autobuses, saco un cuchillo y apuñalo al conductor hasta matarlo.

La niña sin cabeza está contenta y me agradece que haya matado a su hermano.

La niña sin cabeza se marchó para siempre.
Pero a mi me ha jodido la vida.


SOLO ME FALTAS TÚ.

Encarcelado. En esta celda pienso en aquella noche.
Todo preparado, plan infalible. Y me doy cuenta que solo me faltas tú.

El humo casi no me dejaba verte pero pude distinguir tu figura. ¡No puede ser! Había repasado todas las habitaciones, todos los rincones. ¿Por qué tuviste que llegar tarde a casa esa noche? Te perseguí pero ya era tarde, la policía llegó antes.

Te odio y te siento. Siento que tendrás una cochina y maravillosa vida y yo aquí pudriéndome.
Volvería a quemar la casa con todos dentro, no lo dudes, pero jamás me perdonaré que solo me faltaras tú.

Pero saldré pronto y no es una advertencia, es una amenaza.
Nos vemos fuera queridísima hermana porque solo me faltas tú.



REPONEDOR (Especial semana de Halloween).

JUANITO o JONHY como le gusta que le llamen se dirige como cada mañana en su hora de descanso a los lavabos. Nuestro colega trabaja en unos supermercados grandes, de esos de dos pisos.

Pues na, va para el lavabo y se mete en los reservados para plantar un pino. Bajada de pantalones y a repoblar España.

En esto que alguien entra y empieza a lavarse las manos mientras tararea una cancioncilla. Cancioncilla que le resulta familiar a nuestro Jonhy que empieza a tararearla al son. Nuestro chico misterioso se da cuenta y grita:    ¡Ese Jonhy! A lo que Jonhy contesta: ¡Ese Jimy! Y empiezan una conversación insustancial sobre fútbol que se ve interrumpida por otro colega, el Paki, que entra al grito de: ¡Esos bujarrones! Ahora la conversación deriva hacia la chica de los lácteos que está como un queso.

Pero tan animada charla se ve interrumpida por la chica de la limpieza que entra diciendo: ¡Limpieza! Los cabrones del Jimy y el Paki empiezan a vacilarla porque parece ser que es el primer día de la chica.

Mientras tanto nuestro amigo JONHY que ha empezado a liarse el primer porrito del día, se descojona de lo que hacen sus dos colegas desde su puesto privilegiado, el trono, hasta que se oyen unos ruidos raros y, de repente, el silencio.

Jonhy les llama pero éstos no responden a lo que la chica de la limpieza responde que se han marchao y que si sale ya. El jonhy, mosqueao, apaga el porro que se estaba fumando por to el morro, sale del trono y se encuentra a sus colegas en el suelo llenos de sangre y a la tía de la limpieza arrodillada junto a ellos, con la particularidad de que su boca está cubierta de sangre también.

Jonhy exclama: ¡Hostias que has hecho rumana de mierda! A lo que la tía corresponde abriendo la boca y enseñando unos peazo colmillos.

Entonces el Jonhy sale corriendo de allí, atraviesa el pasillo y sale al Centro Comercial donde se choca con su supervisor. Éste le recrimina la hora y hace caso omiso a las explicaciones del pobre Jonhy que no sabe qué hacer para que le crea.

En esto que salen por la puerta sus dos colegas y la chica de la limpieza como si no hubiera ocurrido nada, eso sí, esta vez muy amables con la chica. El jefe les presenta a la chica y les pide que la traten bien. Y acto seguido convoca al Jonhy y a sus compañeros a una reunión. Johny está descolocado. Suben al despacho del jefe mientras el Jonhy fríe a preguntas a sus compañeros pensando si se trata de una bromita pesada. Pero el Jimy y el Paki le convencen de que no ha ha pasao nada y que deje los porros, que la chica nueva es muy maja.

Al rato entra el jefe y le echa una reprimenda al Johny y le dice que va a entrar la chica pa que le pida perdón. La chica entra y el Jonhy, mosqueao, dice que pasa de pedirle perdón. Entonces ella en una actitud cariñosa les dice a los demás que habrá que hacerle entrar en razón y sacando todos los colmillos se abalanzan sobre el pobre Jonhy.

Pasamos a las oficinas de Recursos Humanos donde nuestro Jonhy, con cara de haber potado toda la noche,  entra y se para frente a la mesa de un empleado y le pide el cambio de turno pa por la noche. El de la mesa le mira con cara extraña y accede a su petición no sin antes comentar que es la cuarta persona del día que le pide lo mismo. Mientras vemos una cola larga de currantes, algo pálidos, que asoman detrás del Jonhy.





OTRO ESTÚPIDO DÍA (Especial semana de Halloween).

Otro estúpido día más. Mi nombre es Antonio García Sánchez, un nombre vulgar donde los haya. Me acabo de levantar para ir al instituto y me toca despertar al perezoso de mi hermano gemelo Luis. Casi siempre llegamos tarde por culpa del enano.

A mi madre se le ha olvidado dejarnos puesto el desayuno una vez más y me toca hacerlo a mi, por supuesto. El enano ya viene a tragar como un poseso, yo me apaño con un colacao y unas magdalenas, pero al señorito hay que hacerle sus cereales, su zumo de naranja y sus tostadas. "Está en la edad de crecimiento" me dice siempre mi madre. Éste sólo crece a lo ancho.

Llegamos al instituto pillaos de hora. El enano se va con sus colegas, qué cabrón. Yo me dirijo a mi clase. Otro estúpido día de colegio. Entro por la puerta y me siento en mi pupitre, que está al final del todo. A mi lado están, formando el grupo de los chungos: el "tocho", el Ricardito, el "pecas" y el "gordo". Ni siquiera me hacen bullying.

Acaba de entrar la profesora de filosofía, una de mis asignaturas favoritas, hoy toca Descartes. Me encanta aquello de <<pienso, luego existo>>. Para mi es un mantra. La profesora empieza a pasar lista: "Alonso Fernandez, Diego... García Escribano, Marcos; Hernández de Miguel, Gabriel...", no me lo puedo creer: ¡Me ha saltado en la lista! Me callo. La profesora empieza a dar la clase. Otra estúpida clase.

Llega la hora del recreo, saco mi cómic y me pongo a leer en las escaleras. Ya me cansé de que no me pasaran la pelota. Otro estúpido recreo. Mi cómic es de Superman porque me siento identificado con Clark Kent.

De vuelta a clase, toca educación física y cómo no, yo estoy exento por mis problemas de asma. Otra estúpida pérdida de tiempo. Saco mi cómic y sigo leyendo hasta que termina la clase.

Ahora toca lengua castellana y literatura. Hoy toca Miguel de Cervantes. El profesor es un pintamonas que se las da de escritor pero que no ha publicado nada. Debo ser el único de la clase que se ha leído las dos partes del Quijote. Cervantes es mi autor favorito. El profesor sigue con sus explicaciones, pero... Un momento... ¿Acaba de decir que Cervantes escribió "Cartas Marruecas"? Eso sí que no... Me está entrando una mala hostia... Pero no. Cálmate, Antonio. ¡Hostias es que son de José Cadalso, so inútil! De repente todo el mundo se me queda mirando... ¡Joder, lo he dicho en voz alta! El profesor me echa de clase. Menudo gilipollas.

Salgo de la clase y me siento en el suelo al lado de la puerta. Saco mi cómic.

- Qué has hecho payo?

- La voz viene de la clase de enfrente. Es uno de los gitanos que han metido en el instituto para que se integren. Está sentado en el suelo como yo y me está preguntando a mi. ¡A mi!

- El idiota - le contesto

- Él se ríe y asiente con la cabeza.

- Yo me llamo Raimundo pero to er mundo me dice Rai.

- Hola Rai, yo me llamo Antonio

- ¿Y tu mote? - pregunta el gitanillo

- No tengo.

- Pues a partir de ahora vas a ser Toño, que mola más.

- Sí que mola... Gracias Rai.

- Oye, Toño, ¿qué lees?

- Un cómic de Superman

- ¿Me lo dejas? - me pregunta.

- Dudo un instante... Es mi cómic favorito.

- Te lo regalo - le digo sin salir de mi asombro por lo que acabo de decir y se lo lanzo.

- El lo coge y, a continuación, se saca algo del bolsillo del pantalón.

- Gracias Toño y yo te regalo esto - abre la mano y me lanza un objeto. Es un tirachinas.

- Gracias Rai.

- Yo no salgo de mi asombro porque parece que he hecho un amigo, alguien que no me ha ignorado ni pasado de mi. ¡Ha sido increíble! No soy invisible, al fin.

Suena el timbre y Rai desaparece entre el resto de alumnos. Espero volver a verle. Hoy es un nuevo día del resto de mi vida.



QUERIDO MONSTRUO DE FRANKENSTEIN (Especial semana de Halloween).


Tú no tienes la culpa de que jueguen con tu destino. ¡Maldito doctor Frankenstein jugando a ser Dios!

Tu cuerpo hecho con retazos, tu cerebro de un criminal, ¡qué esperaba, maldito doctor Frankenstein!

Te guiaste por impulsos asesinos, nadie supo ver tu agresividad de los mortales, ¡en qué estaba pensando doctor Frankenstein!

No naciste, te crearon, te diseñaron a imagen y semejanza del ser humano, vil y perverso, ¿no lo vio venir maldito doctor Frankenstein?

Te señalaron, te estigmatizaron, te juzgaron y te mataron, ¿y usted qué hizo al respecto maldito doctor Frankenstein?

Querido monstruo de Frankenstein que ni siquiera te pusieron nombre, no permitiré que manchen tu efímera existencia.



DEPREDADOR (Especial semana de Halloween).

Hace una noche perfecta, hay luna llena y son las fiestas del pueblo de al lado. Estoy motivado, listo y dispuesto para una gran cacería. Lo necesito como el comer, tengo que matar. Y lo necesito ya.

Sobre la cama todo dispuesto: cinta americana, la jeringuilla y el anestésico, una saco pequeño con cuerdas, mi colección de armas blancas preferidas. No falta nada. He esperado mucho tiempo. Nadie me puede parar. Pero falta lo más importante: mi bella e inocente víctima. Siento que esta noche es especial y noto que ya estoy listo para la acción. Vamos allá.

El rugido del motor me pone cachondo mientras sube el puerto hasta mi destino. Arriba del todo me espera mi premio, alguna descuidada e ingenua doncella buscando a un caballero para que la lleve hasta su casa. Es la excusa prefecta pues ellas buscan y yo concedo… Soy un romántico.

Siempre me ha dado resultado. ¡Benditos pueblos en época veraniega! ¡Benditas fiestas patronales! Todavía me acuerdo del último pueblo. Fueron dos tiernas adolescentes. Una tuvo el privilegio de verme actuar mientras la otra disfrutaba de mi despiadada compañía.

Lo dicho. Hoy es mi día de suerte, una chiquilla ha aparecido sola. Estoy empalmado. Paro, me dice que va a un pueblo cercano, le digo que perfecto y le indico que suba a lo que ella accede y se sienta detrás. Yo hubiese preferido tenerla a mi lado pero no se puede planear todo hasta el mínimo detalle.

Sonrío mientras recoloco el retrovisor para tener mejor visión para verla y le pregunto qué tal se lo ha pasado en las fiestas. De repente se me echa a llorar y me cuenta que un chico que le gustaba ha intentado sobrepasarse con ella.

Pobrecilla… Y exclamo ¡malditos niñatos! Le pregunto si está bien y de la guantera saco un paquete de clínex para ofrecérselos. Me da las gracias mientras coge uno. Intento tranquilizarla para ganarme su confianza. Le cuento la típica trola de que tengo una hija de aproximadamente su edad. Eso parece funcionar una vez más pues la chica empieza a contarme que no es de aquí, que no conoce la zona y que por culpa de ese chaval ha tenido que salir corriendo y alejarse de su grupo de amigas. Le pregunto si lleva móvil pero ella me contesta que se ha quedado sin batería.

¡Cojonudo! Lo tengo a huevo. Le digo que casualmente yo me he dejado el mío en mi casa, que nos pilla de paso y que si quiere puede llamar desde allí. Ella niega con la cabeza y me responde que prefiere ir directamente a casa de su tía. Me pregunta si estoy casado y miento diciéndole que sí.

Tanta cháchara me está resultando muy desagradable.

Aprovechando una parada en un semáforo me detengo a contemplar su figura: delgadita, pechos pequeños, pelo largo, morena, ojos marrones, lleva una rebeca y pantalones vaqueros. Mi mirada se clava en su entrepierna y me asalta la imagen de un vello púbico frondoso. Me vuelvo a excitar.

A pocos metros de llegar al pueblo hago la maniobra. Le digo que tengo que parar a hacer pis, que no puedo aguantarme más y que no tardo nada. Hago el paripé detrás de unos arbustos y preparo la jeringuilla con el anestésico. Ventajas de ser veterinario.

Regreso y me sorprende verla fuera del coche. Esto va a ser pan comido. Me acerco y le ofrezco un pitillo pero ella me contesta que no fuma. Que empieza a tener frío y que si nos vamos ya. Se acabó la cortesía. Empieza el ritual. Saco la jeringuilla como saca un torero su espada y entro a “matar” aprovechando que me ha dado la espalda. Le inyecto la aguja a la altura del cuello y aprieto con éxtasis hasta inyectarle la dosis necesaria sólo para atontarla y que se le aflojen las piernas como si estuviera borracha. La empujo hacia dentro del coche. Es uno de mis momentos favoritos. Ya está a mi merced.

Me meto en el coche y doy media vuelta para dirigirme a mi casa donde también está todo dispuesto en la habitación de “invitados”. Me meto por carreteras secundarias para evitar los dichosos controles de alcoholemia hasta llegar a mi humilde morada.

Saco del coche con suma delicadeza a mi dulce plato de esta noche. La llevo hasta la habitación mientras ella hace intentos en vano por zafarse de mi pero la dosis que le he metido apenas le deja moverse y sólo acierta a balbucear palabras incompletas en un intento de poder gritar.

La coloco en la camilla, la desnudo completamente y procedo a atarle manos y piernas a unas correas dispuestas para la ocasión y la amordazaré bien ya que toda precaución es poca y yo soy todo un profesional, no dejo cabos sueltos.

Cuando he terminado la contemplo durante un instante. Me fijo en su piel y me llama la atención que no esté depilada: tiene vello en los brazos, en las piernas, en las axilas y por supuesto, como yo imaginaba, una buena mata en la entrepierna. No me repugna, al contrario, me pone a cien.

Tengo que serenarme un poco porque estoy taquicárdico perdido. Salgo de la habitación y voy al baño para refrescarme la cara. Mientras tanto ideo el proceso de ejecución: primero le quitaré la mordaza, la besaré y le arrancaré la lengua de cuajo. Después le mordisquearé los pezones mientras me masturbo. Y luego me recrearé quemándole primero el vello de las axilas y después el de su majestuoso felpudo con un soplete. Me encanta el olor a pelo quemado. Momento que aprovecharé para masturbarme otra vez. Una de mis partes favoritas del ritual es el momento casquería.

Se me estaba poniendo dura de tanto pensarlo cuando de repente noto como si llamaran a la puerta, pero… ¡Imposible! La habitación está cerrada con llave, ella no ha podido desatarse a no ser que sea Supergirl, termino de refrescarme descojonándome de mi excitada imaginación pero de repente se oye un ruido más fuerte como si alguien intentase tirar la puerta abajo. Incapaz de creerme lo que acabo de escuchar apoyo mi oreja en la puerta para escuchar cuando algo la derriba y me quedo atrapado debajo. Un bicho peludo parecido a un perro me mira fijamente a los ojos.

Abre la boca y me enseña sus colmillos en tono desafiante. La saliva que cae de su boca aterriza en mi cara. Estoy atrapado, no puedo defenderme. Es el fin, lo sé, lo presiento. Yo he estado en el otro lado y esa mirada es la del ejecutor. Cierro los ojos y sólo espero que no sea como yo y que acabe conmigo pronto.

Fundido a negro

CASA DEL PSICÓPATA. A LA MAÑANA SIGUIENTE.

La puerta del baño sigue derribada y por debajo asoman unas cuantos huesos humanos. La chica está en la ducha. Unas piernas peludas asoman a través de la cortinilla. Una mano desliza una maquinilla de afeitar de hombre por toda la pierna depilándola por completo. Repite la acción con la otra pierna. Sale de la ducha y se mira en el espejo de arriba abajo comprobando que se ha hecho sangre cerca del labio. La retira con la lengua, sonríe y comienza a vestirse. Cuando ya está preparada coge su bolso, mete un neceser y abandona la casa.

Se oye un aullido y la chica desaparece de nuestra vista caminado lentamente como lo hace la luna llena.



OUIJAJAJAJA (Especial semana de Halloween).


Oscuridad iluminada con candelabros de velas negras. El tablero en el centro del pentáculo. Todos vestidos con túnicas de negro ébano. El Necronomicón abierto por la página correcta. Vamos a invocar al Diablo.

Todos sentados alrededor del círculo que forman las cinco puntas de la estrella. Silencio sepulcral y todos preparados.

Todos a la vez recitando la invocación para entrar en trance, para comunicarnos con el Maligno. Dedos índices que reposan en el puntero de madera triangular.

Algo va mal... No es posible. Hemos derramado nuestra sangre en el cuenco, la invocación es la correcta, la tabla es de anticuario, el pentáculo es una fiel reproducción.

Esperad.. La puerta del habitáculo se abre... Una figura esperpéntica está a punto de entrar. Elevamos el tono del cántico final para que sepa que es bienvenido a entrar.

La figura se mueve torpemente como arrastrándose. Está a punto de entrar. Lo estamos consiguiendo. Gritamos con fe: ¡Belcebú manifiéstate!

De repente un fogonazo de luz nos ciega y por fin oímos su voz:

- ¡Qué Belcebú ni que ocho cuartos! Te he dicho mil veces que no entres en el taller de tu difunto abuelo, leñe - dice mi abuela agitando su andador.