De repente una ráfaga de disparos me hace tirarme al asqueroso suelo. En pie. Camina. Desde esa distancia no te podrán alcanzar, ¿o sí? Da igual. Un paso, otro paso, un paso, otro paso. Eso es. Tienes que reservar fuerzas para cuando estés fuera.
¡Que me está mordiendo! Mierda es un perro. A puntapiés logro quitármelo de encima pero el cabrón insiste hasta que lo agarro y lo ahogo en un charco profundo que ahora me toca atravesar.
El olor es cada vez más nauseabundo pero tú a lo tuyo. Ese maldito perro estuvo a punto de... ¡Coño! ¡Coño! ¿De dónde vienen esos disparos? A ver... Voy a asomar la jeta otra vez. ¡Hostias! Vienen del túnel de salida. Pero puede que esté solo. Cubriendo ese lado. Hoy es mi día de suerte y nadie me lo va a joder. Me sumerjo en el agua, aparezco delante de su cara y le hundo los dedos en los ojos.
Mejor no me llevo el arma porque no puedo manejarla con la herida. Pego unos cuantos tiros al techo por si alguien me responde pero no. Hoy es tu día de suerte, ya lo sabes. Quedan pocos metros ya. Pero mierda, me han localizado. Escucho órdenes entre los muros. Me quieren vivo.
Oigo el trote de unos pasos que se acercan demasiado a mi. Son de la brigada, estos también llevan armas. Tengo que quitársela a uno. Dicho y hecho, el pobre malnacido suplica por su vida mientras le estrangulo. Ya tengo el arma, pasamos al plan b.
Tengo que abrirme paso a tiros hasta llegar a aquel lodazal. ¡Ahora! Y voy descerrajando disparos a diestro y siniestro encomendándome a todos los santos. Me han dado en el pie izquierdo pero los he conseguido despistar.
Escarbo en el lodazal hasta que empiezo a ver la luz del día que me ciega los ojos. Al otro lado está mi salvación. Salgo a parar a un bosque, creo que me he equivocado de lugar. Tendría que ser una carretera. ¡Hostias! De repente noto como un cañón de escopeta me aprieta la nuca. Se me encogen los testículos. Después una voz que dice:





¡A la mierda Alcohólicos Anónimos!
Hoy celebro el fallecimiento de mi padre y de mi madre.
Cada copa es un brindis a la vida.
No me queda mucho tiempo aquí.
Quizás ésta sea la última copa en muchos años.
He matado a mi padre de la forma más dolorosa posible.
Y lo he hecho por mi madre. Pero no porque fuera una maltratador, no.
Era un cobarde, un esclavo del trabajo, un alma en pena que no nos hacía ni puto caso. Y mi madre desatendida, olvidada, denostada.
Mi padre sangraba a cada puñalada por años de olvido.
Mi padre no quiso hacerse cargo de mi madre cuando empezaron los síntomas del alzheimer. Mi madre desvariaba y a mi me hacía mucha gracia. Pero me quitó la alegría de cuajo. Se deshizo de ella y se dio a la bebida. Nos dimos a la bebida, lo único que nos unía.
Tenía que ir a esa asquerosa residencia para poder ver a mi madre pudrirse.
Maté a mi madre de la forma más humana posible, con delicadeza coloqué la almohada sobre su cara hasta que dejó de respirar. Estaba tan sedada que ni se enteró.
Yo puede que sea un asesino y un alcohólico pero he hecho lo que tenía que hacer. Además no me escondo.
Estoy esperando cómodamente a la policía tras haber confesado por teléfono.
Ni siquiera se pasó por mi mente el suicidio, yo no soy un cobarde como mi padre.
Ya se oyen las sirenas, son cantos celestiales para mi. Vivir en una prisión no se me antoja tan duro para lo que me espera de vida, una cirrosis galopante va a acabar conmigo en poco tiempo.
Apuro la copa porque acaba de entrar la policía.
¡Salud!