Una figura esperpéntica se refleja en la pared. Es su forma de entrar, a través de las sombras. Lucas la intuye debajo de su fortaleza. La sombra se balancea de un lado a otro como si de un ritual se tratara. No hay tiempo que perder. Esta es la noche nada puede salir mal. Pero Lucas está paralizado por el miedo. La sombra se acerca. Vamos, Lucas tienes tu arma a poca distancia. Se oyen ruidos extraños fuera de la habitación. Las fuertes pisadas hacen crujir el suelo. Lucas se hace pis encima. Nunca se había transformado en presencia ese ser maligno. Las pisadas se paran a la altura de la habitación de Lucas y éste en un ataque de valentía utiliza su arma secreta, enciende la luz de la habitación. El pomo de la puerta empieza a girar pero un murmullo evita que ese ser abra la puerta. Ha debido ser mi hada madrina pensó Lucas. Se oyen gritos a través de las paredes. La puerta se abre de repente, Lucas no sabe qué hacer. La voz pausada de su madre le serena. Sale de su escondite y se funde en un abrazo con su madre.
- Ya eres mayorcito para dormir con la luz encendida, ¿verdad cariño?
- Mami no te vayas.
- Está bien. Me quedo un ratito contigo.
- Cántame esa canción que tu ya sabes, porfa.



¡A la mierda Alcohólicos Anónimos!
Hoy celebro el fallecimiento de mi padre y de mi madre.
Cada copa es un brindis a la vida.
No me queda mucho tiempo aquí.
Quizás ésta sea la última copa en muchos años.
He matado a mi padre de la forma más dolorosa posible.
Y lo he hecho por mi madre. Pero no porque fuera una maltratador, no.
Era un cobarde, un esclavo del trabajo, un alma en pena que no nos hacía ni puto caso. Y mi madre desatendida, olvidada, denostada.
Mi padre sangraba a cada puñalada por años de olvido.
Mi padre no quiso hacerse cargo de mi madre cuando empezaron los síntomas del alzheimer. Mi madre desvariaba y a mi me hacía mucha gracia. Pero me quitó la alegría de cuajo. Se deshizo de ella y se dio a la bebida. Nos dimos a la bebida, lo único que nos unía.
Tenía que ir a esa asquerosa residencia para poder ver a mi madre pudrirse.
Maté a mi madre de la forma más humana posible, con delicadeza coloqué la almohada sobre su cara hasta que dejó de respirar. Estaba tan sedada que ni se enteró.
Yo puede que sea un asesino y un alcohólico pero he hecho lo que tenía que hacer. Además no me escondo.
Estoy esperando cómodamente a la policía tras haber confesado por teléfono.
Ni siquiera se pasó por mi mente el suicidio, yo no soy un cobarde como mi padre.
Ya se oyen las sirenas, son cantos celestiales para mi. Vivir en una prisión no se me antoja tan duro para lo que me espera de vida, una cirrosis galopante va a acabar conmigo en poco tiempo.
Apuro la copa porque acaba de entrar la policía.
¡Salud!